Hasta que nos demos cuenta que somos un país de gente herida... no podremos empezar a pensar de otra manera sobre nuestros niños. Porque está muy bien que nos plantemos optimistas de cara al futuro, pero es fundamental sanar algunas heridas previamente o la menos de manera paralela.Estuve en Huancayo hace unos días, conversando con padres de familia que tienen hijos menores de edad que trabajan. Con llanto aguantado contaban la triste infancia que sufrieron, las terribles penurias y maltratos que tuvieron que soportar, pero que habían logrado reflexionar sobre esto y esa reflexión es la que les daba la oportunidad de decir "esto no quiero para mis hijos". Es así que voy descubriendo conmovida que padre y madres que tienen oportunidad de pensar sobre sus vidas gozan de una libertad fundamental: la de poder ejercer control sobre la forma de criar a sus hijos. Es triste observar a padres y madres que no han tenido este chance, el de pensar sobre lo que les pasó- Ellos entonces repiten su suerte en sus hijos, sin saberlo.
Un padre de los que menciono contaba que había sido "un niño de la calle", que había probado terokal y había sido tentado por pandillas. pero no entendía que lo había protegido de caer en "la perdición", si encima su familia lo expulsaba naturalmente con tanto conflicto en la casa...."debe haber algo en el carácter" decía, "algunos debemos ser más fuertes que otros", "ahora estoy estudiando psicología y he pensado sobre mi suerte, no quiero que mi hijo pase lo que yo pasé". Estos padres resilientes son una esperanza para las generaciones infantiles...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si tienes comentarios éstos son bienvenidos, gracias.